domingo, 24 de junio de 2012

La palabra que empieza con M

Los Baobabs son peligrosos porque cuando empiezan a crecer pueden acabar ocupando toda la superficie disponible del asteroide. Se han dado casos en los que algún baobab ha crecido tanto que ha partido en dos algún pequeñísimo planeta.

El viejo que repartía droga en la puerta de los colegios, las jeringuillas ocultas en el césped de los parques, las cajas de cartón a las que no había que dar patadas porque contenían bombas, el hombre que raptaba mujeres en los probadores de las tiendas de ropa en Marruecos, los aviones que se estrellaban, las faldas que facilitaban el acceso de un violador, los accidentes en la carretera, los raptores, pedófilos, asesinos, las cornisas que caían con el viento y te abrían la cabeza...

Los apegos, los extraños, los viajes, las huídas.

No.
Nunca.
Para qué.

Con lo bien que se está en casa. Con lo bella que es mi rosa.

Yo te voy a recoger. Tú no conduzcas. No te preocupes. Vete mejor en metro. En autobús. Ten cuidado al lado de con quien te sientas. Mejor no te sientes.

Tú no me quieres. Tú no eres normal. La gente normal no hace esas cosas.

Hay que pagar la hipoteca. Si no, vendrá una semilla de baobab, sin darse uno cuenta, crecerá, y un día, reventará los cimientos en mil pedazos

Ten un hijo. Cásate. ¿Para cuándo? Se te pasa el arroz. Se te pasa la vida.

La crisis. La hipoteca. La Therapy pillow. El sujetador Confortisse bra, anunciado en TV. Aumentan las ventas de chopped y de pintalabios.

Los adolescentes son todos unos descastados, violentos, egoístas y tontos. Ellas son peores que ellos. Se pasan el día pintándose. En la planta donde está tercero de la ESO quitaron los espejos del baño de las chicas.

¡Quitaron los espejos del baño de las chicas!

Debo 170000 euros a un banco
a mi padre le debo unos 20000 euros

Mi deuda con el banco la pagaré a lo largo de toda mi vida, si no decido bajarme del burro antes.

La deuda con mi padre ya está pagada. Porque somos dos espíritus que se miran a los ojos y se reconocen, y saben que están hablando con alguien de su especia. La especie humana. A mi padre verdaderamente le debo algo, y no es dinero, a pesar de todo, de todo, de la lucha, de las advertencias por su parte, sí, también por la suya, de las semillas de baobab, de la droga en la puerta del colegio, de las jeringuillas en los paRques... a él si, a él le perdono, porque es humano.

A los otros no. A ellos nunca. Ni son de mi especie ni pueden pretender serlo nunca. No es culpa suya, pero mía, mía sí que no es la culpa.

Mi padre nunca me ha pedido perdón. No ha hecho falta.

Los otros me lo han pedido tantas veces que he perdido la cuenta. Es curioso.

Puedo identificar el momento exacto en el que mi padre me reconoció como una persona adulta. Como alguien de su especie. La especie humana.

Ninguno de los demás que me alertaban de las semillas de baobabs (especialmente a mediados de marzo que es cuando se da la floración) lo han hecho. Nunca. Es curioso.

Y ahora, a una semana de que acabe por demostrar si puedo o no seguir siendo quien esta persona adulta ha decidido ser o no, por uno de los caminos que había elegido tomar, aquel que me permite el equilibrio aristotélico exacto entre contentar a la única persona a la que debo algo y a quien tampoco le importa demasiado si lo consigo o no, sino que cree que es necesario porque cree que eso me haría feliz... resulta que ya no importa.

Que puedo suspender ese puto examen, que por otra parte es juzgado en su mayor parte por entes pertenecientes a la especie que quita espejos en los baños de las chicas, que puedo suspender, digo, como aquella vez y que si eso pasa puedo dejar que la semilla del baobab crezca. Y lo haré. Incluso, prepararé el terreno como una jardinera loca, sacrificaré vampiros y lobos que se comen a niñas con caperuzas rojas, a viejos con caramelos de droga en los bolsillos y a toda la puta Teletienda para que le sirva de abono, crezca cuanto antes y sus raíces estallen los cimientos de este asteroide que quieren hacerme creer que es el único que existe.

Pero no es el único. En absoluto.

Resulta que para cuando llegué a aquel desierto con mis globos descubrí que allí la extensión es tan grande que los baobabs son árboles bien conocidos y crecen sin problemas. Hay espacio para todos. Para ellos, para las diferentes especies, para la lucha, para andar con falda, para crecer y ser adulta sin esperar la mordedura de una serpiente, para dejar que el baobab crezca, y también las rosas con espinas.

Y esa Tierra pretendo explorarla, aunque apruebe. Aunque apruebe y pueda por fin explicar de qué lado estoy cuando vote sí a que se pongan espejos en el baño de las chicas, ahora que puedo reconocer a los de mi especie con sólo mirarles y que puedo contar con ellos como ellos pueden contar conmigo.

Allí, aquí, en Grecia, en Cambridge, en Tokyo, en Costa Rica.


Apéndice: Escribo este post súper terapeútico bajo los efectos de una gripe probablemente fiebrosa y muy absurda en mitad de este verano calurosísimo que acaba de empezar y cuya congestión sólo consigo paliar con lavados de nariz con agua y sal que si lo utilizaran como instrumento de tortura juraría por mis muertos que dos y dos son fucking cinco. Tampoco sé si lo escribo para alguien, porque creo que ya no me lee nadie. Hubo un tiempo en el que eso me importaba. Ya no, pero por si acaso, quiero pedir perdón por tanta locura.

martes, 15 de mayo de 2012

Silencio

La mente es un mono inquieto que siempre encuentra platillos que tocar. El Silencio se convierte en una piscina honda y maravillosa en la que una puede sumergirse una vez encuentra el modo. Adormecer las voces es fácil si sabes cómo, el pensamiento es adictivo.

Todo lo verdaderamente importante está dentro. Si dejas que todo lo malo de fuera te invada, enfermas. Si asumes las cosas buenas pero rechazas las malas, puedes seguir adelante. Si puedes seguir caminando, no importa cuántos círculos recorras, en el fondo a veces es reconfortante saber que hay cosas que si no se cierran acaban volviendo. Pero, eso sí, una vez un capítulo se acaba, empieza otro, y solamente hay una cosa segura en este mundo, el cambio.

Buscamos el amor y a éste le ponemos etiquetas que ni nosotros mismos entendemos, lo confundimos con muchas cosas, con sexo, con compañía, con belleza y , como decía Eva Hache, a veces hasta con hambre. Y es que igual el amor es todo eso, o todo eso son manifestaciones de amor. Lo que tengo claro es que lo que no hemos aprendido demasiado es a amarnos a nosotros mismos. En Occidente existe una apabullante falta de educación en ese sentido, tan apabullante que es casi seguro que se trata de algo premeditado.

"Amarás al prójimo como a tí mismo". Siempre me ha alucinado este mandamiento, porque, si no nos amamos a nosotros mismos, ¿cómo demonios se supone que vamos a amar a los demás? Si a mí ya me cuesta no partirme a mí misma la cara algunas mañanas al mirarme al espejo (o al probarme un bikini), ¿cómo soportar a ese enjambre de plastas que interfieren en tu vida dándote la turra y empeñándose en quedar para ir juntos a trabajar o a tomar una caña?

Esta vena asocial me perturba, porque luego soy capaz de darlo todo y arriesgar muchas cosas a cambio de hacer un favor a alguien desconocido, lo que siempre me trae bastante satisfacción... ¿por qué? ¿será que puedo hacer pequeños actos de amor a gente que sé que no me va a aportar nada más? y luego no soporto ir a ver a mi familia porque sé que van a empezar con la retahíla de "no hagas esto y no hagas lo otro". Como decía Anna Frank, sacan lo malo de mí hacia afuera y dejan lo bueno dentro.

Sólo hay una manera de amar, amarse, entenderse, aceptarse, ser humano, entender que nada humano puede serte ajeno, acallar lo externo, dejar que los círculos se vayan cerrando, atontar al pensamiento.

Sumergirte en la piscina honda y maravillosa del silencio.


Pintura de José Manuel Broto


lunes, 30 de abril de 2012

Queridos Vampiros

No sé exactamente qué es pero así no funcionan las cosas para mí.

Vosotros y yo no somos iguales. Aún así, no considero que seáis mejores. Así que no pretendáis aplicar unos criterios para evaluarme que luego no aplicáis en vosotros mismos.

Exigís cosas que no dáis, y sabéis que no quiero dar. No sé qué es, pero no me siento cómoda. No lo decís claramente, porque sabéis que en realidad no podéis, pero los silencios son a veces muy elocuentes.

Esto es lo que os puedo dar, es poco para vosotros, ya lo sé, pero es esto o nada. Porque yo no os pido nada. Hace mucho tiempo que dejé de esperar nada de vosotros, porque no me habéis dado nada digno de guardar preciadamente. Puede que yo a vosotros tampoco, pero bueno, como el 99% de la población, ¿no? Después de todo, yo no me he quejado, simplemente me he alejado.

A lo mejor es que soy egoísta, puede ser. ¿Y? Sinceramente, pienso exactamente lo mismo de vosotros. La diferencia es que yo no os pido que dejéis de serlo. Sólo os pido que dejéis de pedirme que deje de serlo. Además, si soy tan egoísta, ¿por qué os importa tanto mi compañía, mi tiempo, mi presencia?

Llevo mucho tiempo intentando entenderos, haciendo pequeños gestos que os valgan, pero la verdad es que nunca nada es suficiente.

Desestructuráis mi energía, me hacéis dudar, no entiendo vuestros motivos, pero hoy es la última vez que le doy más vueltas.
Esto es lo que hay. Os doy lo que puedo. No hay más.
Si os vale genial y si no, de verdad lo siento, la realidad es que en este momento de mi vida, necesito mi tiempo y mi energía conmigo al 100%. Tendréis vuestra mínima ración cuando yo quiera y pueda, y si no quiero y no puedo, pues no tendréis nada. Y punto.

Váis a tener que buscar a otra para vampirizar...

sábado, 7 de abril de 2012

Del día Malo, del Hueco Blanco y de las medallas en los cajones

Creía que Todos los Días Malos del Mundo se habían acabado después de que acabó El Día, así, con mayúsculas.
Nunca lo verbalizé, claro, de hecho, lo estoy haciendo hoy,unos tres años después del momento en el que escuché la puerta abrirse un día y a una hora en la que se supone que nadie podía entrar por esa puerta con una llave si no era él, y se suponía que él estaba trabajando.
Y ahora, señoras y señores, me permitirán que abra un enorme y blanco hueco en el que NO contaré qué pasó ese Día Malo y Todos los Días Malos que lo siguieron, porque todavía hoy, duele mucho, y hoy no me puedo permitir más dolor.
Escuché la puerta abrirse y





























Por eso pensaba que los malos días habían pasado. Nunca lo expresé así, no sabía que lo pensaba. Lo sentía, lo creía, era una certeza que se alojaba en mi corazón. Y ahora, cuando descubro que ni siquiera todavía soy capaz de escribir qué pasó ese día, me doy cuenta de que yo misma me había otorgado una Medalla que había guardado en un cajón y me había ido olvidando de ella. La Gran Medalla al Valor para Superar los Días Malos.

No es en absoluto lo mismo un Día Malo que un mal día.

La Medalla, como digo, en cuanto pude, la guardé en el cajón y me olvidé de ella, junto con ese día y el hueco en blanco. Y entonces empezaron a caer las hostias.

Porque cuando te encierras en tu casa y te metes debajo de la manta intentando evitar el Día Malo, puede que rellenes mil folios escribiendo lo genial que sería pasar ese Día, y el blanco hueco subsiguiente, recibir de una vez la puta medalla y salir dando saltitos por el prado verde sembrado de flores primaverales cantando do dorado sale el sol re reluce de esplendor, pero te olvidas de las estaciones, de que después de la primavera viene el verano pero después llega el invierno (de nuevo), de que todo tiene un precio, y de que a veces los intereses son más altos de lo que pensabas.

Así que después de aquello guardé la medalla sin saber que el precio que tenía que pagar por mi independencia fueron las hostias que vinieron después. A punto estuve de correr a encerrarme de nuevo en casa y meterme bajo la manta (teniendo en cuenta además que esta manta era más cómoda para mí y más calentita).

Pero el banco me sigue pidiendo intereses. O los pago o me encierro de nuevo. Al banco no le importa que yo sea una Heroína de Guerra.

Pero hay unas cuantas cosas que ahora sé y que hace dos años, cuando me creía la más lista y que lo sabía ya todo, no sabía:

- Que no lo sé todo.
- Que quedan muchos Días Malos (y que aunque de momento ninguno ha sido como Aquél, no hay que descartar que alguno lo sea).
- Que las medallas o se llevan puestas o no valen, no se pueden guardar en cajones.
- Que sí, que soy más valiente y que el precio que cuesta eso lo pagaré encantada.
- Que nada se ha acabado, que todo está por empezar.
- Que ni siquiera todavía soy capaz de escribir qué pasó ese día, pero que antes ni hubiera podido escribir acerca  siquiera de que ese día existió, así que posiblemente, tal vez en otros tres años, lo pueda contar.
- Que yo tenía algo de razón: cuando se ha vivido (y superado) un día como Ése, todos los demás se pueden ir poniendo a la fila, a que les vaya repartiendo...

Con las armas de guerra y la medalla en la pechera, eso sí.

sábado, 17 de marzo de 2012

ser (I)

Cuando era pequeña dormía con un peluche, gritaba mucho y muy alto, soñaba que volaba, soñaba (y son los sueños más hermosos que recuerdo) que tenía una librería gigante llena de libros chulísimos (y nuevos) para mí sola (un verso de Borges que decía algo así cobró sentido muchos años después), me gustaba correr levantando la falda, me gustaba ser una niña, me gustaba comer una papilla de galletas con leche, no me gustaba comer nada más, enseguida me gastaba el dinero que me daban en chuches, juguetitos y tebeos, me daba miedo el practicante, el primer día de cole, los matones de la escuela, las clases de gimnasia, me gustaba un chico muy guapo que se llamaba Israel, Usaba gafas y me daba verguenza llevarlas...

Era un ser hermoso y lleno de vida en estado puro.

Absolutamente todos los comentarios, esfuerzos y actuaciones que se dirigían a mí en mi familia estaban destinados a sujetar ese impulso vital.

No les culpo. El miedo, la culpa, la necesidad de volcar lo que no salió bien en mí, y por encima de todo, el amor, les movió.
Yo recogí su herencia. Yo busqué a gente que se encargó de seguir cumpliendo ese rol. A esa gente prácticamente le supliqué que siguiera ayudándome a sujetarme. Yo soy la responsable de absolutamente todo,

Y ahora, soy la que decide que quiero ser yo.
Y ahora, que quiero ser Yo, por encima de todo...
Resulta que es esencial que descubra quién soy.

sábado, 3 de marzo de 2012

Goodbye Blue Mondays

Te regalé
una ciudad
con calles empedradas de futuro
monedas heptagonales
con las que te llamaba...
contaba contigo
para construirla
y tú contabas conmigo
para bombardearla
(otra vez).
No te culpo
te enseñaron a bombardear ciudades
bombardeabas ciudades con tu amor
o lo que entendías que era eso.

Yo construía,
hasta que dejé de construir cuando ese oficio se convirtió en crimen,
y entonces sólo me senté a esperar.

Pobre niña tonta
los que no saben construir nunca lo aprenden
si no quieren.
Pobre tonta
los que sólo bombardean sólo entienden
tus razones cuando bombardeas tú.

La bomba era azul y gigante
y estaba llena de agua salada.
No fui yo.
Fue un escritor americano
con nombre alemán
el que escribió esa frase sobre ella.

Y la solté.


Y todo se llenó de lágrimas.

jueves, 16 de febrero de 2012

♥

Amo.
Amo?
Digo que amo...
pero amo?
Quiero amar más.

Soy una cínica. Digo que amo cuando menos amo.
He amado hasta el delirio, hasta volverme BIZCA!

He amado sin medida, he amado hasta el ODIO!

He amado sin motivo, he amado por motivos de RISA!

He amado, lo he dado todo.

He amado a todos
menos a MÍ,

y ahora

Me amo a mí, pero no amo a nadie.


Quiero, sí, necesito... tal vez...

pero... ¿amo?

Recuperar el amor...

cuando el amor te ha demostrado los cataclismos que provoca,
las mentiras que te cuenta,
las verdades que desvela,
todas las jaulas que fabrica,
todas las promesas que rompe,
las limitaciones que impone,
las barreras que levanta,


¿cómo vas a querer eso de nuevo?


El amor es miedo
El amor es culpa
El amor es soledad
El amor mata, duele, hiere, mancha

Y quiero amar.
Porque hay un mapa del amor en el que
en el punto exacto
en la equis del mapa del tesoro
en el oasis en medio del desierto
en una zona que todos buscan y que se desplaza
(como el punto exacto en el que está el Polo Norte)

Allí

todo lo que he dicho se desvanece
sucede exactamente lo contrario


Amas hasta la lucidez, hasta que lo ves todo claro!

Conoces la medida exacta de lo que amas, aunque ésta sea infinita

Conoces el motivo exacto por el que amas

Lo das todo, y aún así, tienes más cosas de las que nunca has tenido

Amas a todo el mundo,
especialmente a ti.


El amor todo lo devuelve a su sitio
nunca miente
salvo si son mentiras inocentes y deliciosas
abre todas las jaulas y todas las puertas
Te da exactamente lo que te promete
no pone fronteras

En ese lugar exacto que todo el mundo busca

El amor es valentía
El amor es calma
El amor es multitud
El amor da vida, placer, sana, limpia...