Cuando era pequeña dormía con un peluche, gritaba mucho y muy alto, soñaba que volaba, soñaba (y son los sueños más hermosos que recuerdo) que tenía una librería gigante llena de libros chulísimos (y nuevos) para mí sola (un verso de Borges que decía algo así cobró sentido muchos años después), me gustaba correr levantando la falda, me gustaba ser una niña, me gustaba comer una papilla de galletas con leche, no me gustaba comer nada más, enseguida me gastaba el dinero que me daban en chuches, juguetitos y tebeos, me daba miedo el practicante, el primer día de cole, los matones de la escuela, las clases de gimnasia, me gustaba un chico muy guapo que se llamaba Israel, Usaba gafas y me daba verguenza llevarlas...
Era un ser hermoso y lleno de vida en estado puro.
Absolutamente todos los comentarios, esfuerzos y actuaciones que se dirigían a mí en mi familia estaban destinados a sujetar ese impulso vital.
No les culpo. El miedo, la culpa, la necesidad de volcar lo que no salió bien en mí, y por encima de todo, el amor, les movió.
Yo recogí su herencia. Yo busqué a gente que se encargó de seguir cumpliendo ese rol. A esa gente prácticamente le supliqué que siguiera ayudándome a sujetarme. Yo soy la responsable de absolutamente todo,
Y ahora, soy la que decide que quiero ser yo.
Y ahora, que quiero ser Yo, por encima de todo...
Resulta que es esencial que descubra quién soy.
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1 comentario:
Comienza soltándote de todas las creencias que tienes de ti misma.
La que se busca...esa eres tú.
Yol@nda.
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