Hay mujeres que existen sobre este planeta de locos que parecen de mentira: Guapas, listas, delgadas, valientes.
A veces, me he sentido cerca de esas mujeres, pero la realidad es que si echo la vista atrás y pienso en mi vida, he tenido períodos que se pueden considerar casi una vida entera de soledad, incomprensión, cobardía, estupidez y celulitis.
No me gusta hablar mucho de los cinco años en los que más sola me he sentido, y no me gusta porque considero que es injusto para otras personas que quisieron hacerme compañía y no lo consiguieron. Pero la realidad es que después de esos años, aunque tras liberarme de ellos hubo un período de seguridad, inteligencia, delgadez y valentía, he vivido con miedo a volver a eso.
Y es que la vida te alcanza aunque le tomes carrerilla, y los gurús New Age del positivismo son gilipollas si piensan que es posible vivir sin inyectarte, de vez en cuando, dosis mortales de pasado, aunque duelan, aunque te puedan matar de dolor.
Lo cuenta una de esas mujeres valientes, bellas e inteligentes, a quien, por más que pasen los años y nos aleje la distancia, sigo sintiéndome conectada. Quien, por más que pasen los años y permanezca la distancia, a veces escribe como si fuera yo misma, y me arranca lágrimas que significan muchas cosas. Lo cuenta Miss H, aquí.
Hay mujeres que caminan por la vida sin necesidad de justificarse, es más fácil si no eres madre (también habla de eso Miss H.), hay mujeres que toman sus decisiones y no sienten que dependan de las decisiones de otros, hay mujeres que no tienen miedo, hay mujeres que no sienten culpa, hay mujeres que no se inyectan dosis mortales de pasado, de pasado lejano y de pasado reciente, para hacerse daño a sí mismas, hay mujeres que no sienten que le hayan destrozado la vida a nadie porque en la vida las cosas malas también pasan, y nos pasan a todos, y no tiene que ver con nada. O sí. Hay mujeres que piensan que las cosas malas pasan según y cómo te lo tomes y todo les resbala. Hay mujeres que saben que solo tienen una vida y renuncian al dolor como si renunciaran a comerse un plato de acelgas.
Durante muchísimo tiempo no fui una de esas mujeres. Pero, un día, las cosas se precipitaron, y sucedió. Un día me desperté en otro tiempo y en otra ciudad, y era bella, lista y valiente.
Hubo un tiempo en el que fui una de esas mujeres.
Tal vez hoy lo único que puedo hacer es dar las gracias por haberme sentido así.
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