martes, 27 de junio de 2017

Rendición

El mundo está en guerra. Ataques terribles tienen lugar en casi cualquier parte. A la tierra le duelen los costados. Profundas heridas se abren, lo hacemos los hombres y las mujeres y lo hacen los desastres naturales. Hay quien dice que siempre ha sido así, que ahora simplemente tenemos acceso a toda esa información.

Mi mente está en guerra. Cíclicamente, mi cerebro saca al campo de batalla mis pensamientos más dañinos, que salen enfurecidos, abriendo sus bocas en gritos de ira o mostrando sus dientes apretados, que no dudan en clavarme en cuanto me alcanzan, junto con todo tipo de armamento que puedan encontrar, me clavan sus espadas y sus lanzas, arrojan sobre mí enjambres de flechas puntiagudas, y me disparan balas al estómago que, como el buitre de Prometeo, no me matan pero me destrozan.

Cuando acaba la batalla, mi mente, de repente, se convierte en mi aliada, me tiende la mano, y me levanto, ensangrentada. Mi mente me lleva a un lugar seguro, me cura las heridas, con los remedios que pueda encontrar. Igual que antes ha rebuscado en lo más profundo, hasta encontrar el último gran pensamiento dañino que conserva en la memoria, ahora busca en los recursos que antes funcionaban para curarme, y, si esos no funcionan, se pone manos a la obra, busca en internet, el nuevo gran gurú del mundo, para encontrar nuevos métodos de meditación, de sanación, de ejercicio, de liberación.

Cuando va acabando el ciclo de la cura, viene la euforia: el mundo está puesto para mí y para mi mente como un gran decorado. Soy la protagonista, todo me acaba saliendo bien. La vida es un regalo que tengo que agradecer cada día. Soy esa mujer de la que hablaba el otro día: me siento valiente, bella, buena, en paz.

Hasta que, de repente, miro al otro lado de la colina y veo una columna de humo. Es el ejército de Pensamientos Dañinos. Está preparado para la batalla. Atacarán en cualquier momento.

Estoy empezando a buscar la manera de firmar una rendición. Tal vez solo sea otro recurso de mi mente en su fase postbatalla. Cada fase la vivo y me la creo como si fuera real. Esto parece real. Rendirme, sacar la bandera blanca, dejarme capturar, dejarme morir, algo que acabe con este ciclo de torturas. Algo que acabe con esta guerra.




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