La vida nos va poniendo en encrucijadas una y otra vez, o mejor dicho, la vida ME va poniendo en encrucijadas una y otra vez. Envidio profundamente a las personas que lo tienen todo, a las que les han ido pasando las cosas en la vida sin incidentes, dudas ni complicaciones. Que pasan por una infancia divertida, tres moretones y una apendicitis, una juventud dorada, interrail y San Canuto, volviendo a las 7 de la mañana, un noviazgo trepidante, con bodón final de enamoradísimos jovenzuelos sonrosados. Una carrera estupenda, periodistas, diseñadores, escritores, traductores... El pisito en el centro y la casa en el campo. Perros, gatos, amigos interesantísimos... Padres que viajan al Machu Pichu y a París y se quedan con los nietos muchos fines de semana...
De todos los sueños que tuve en la vida, se me cumplieron a medias unos cuantos. Para que esos sueños a medias llegaran aprendí que, en mi caso, tenía que invertir un esfuerzo ímprobo en romper con millones de ataduras. De esas ataduras he hablado ad infinitum, y si se me permite, ad nauseam, ya no quiero ni puedo analizar más de dónde vienen, ni qué porcentaje de culpa tengo yo. Y si puedo añadir algo a esto, cada vez me la suda más si tuve o no la culpa.
Lo único que sé es que el precio es demasiado alto. Que me apetece otra cosa. Otra cosa completamente diferente. Pero me horroriza otro proceso agotador en el que me deje otro trozo de René en el intento.
Algo va a pasar. Algo maravilloso. Y no quiero vivirlo así. Aquí. Tampoco quiero vivirlo en otra lucha constante contra mis demonios.
De nuevo, la duda. De nuevo.
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1 comentario:
Tu tienes el poder René, siempre lo has tenido y otra cosa es saberlo, atreverse a usarlo o querido hacerlo.
Come on, avanti, me alegro de lo amravilloso que esté por venir porque no mereces menos
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