Estaba decidida a terminar. Escribir una página sobre cómo de repente todo me va de puta madre. Cómo me ha cambiado la vida tener en mis brazos a la persona que, ya sin remedio, será el amor de mi vida para siempre, aunque aún no llegue al año de vida, no sepa hablar nada más que con sus ojazos redondos y enormes enmarcados por el infinito de pestañas, con balbuceos simpáticos que no quieren decir nada todavía, aunque la gente de alrededor se empeñe en darle significado, y lo quieren decir en realidad todo, aunque la gente de alrededor no lo entienda.
Quería contaros que, por fin, fui una de las elegidas. Que dejé de quedarme al margen de una vida que me era desconocida, y entré en el club de los afortunados.
Que aún me quedaron colgando reminiscencias de aquella vida de niña eterna que parecía que iba a quedarse para siempre, pero que, ya sí, después de todo esto, me veía capaz de superar.
Que el padre del amor de mi vida seguía en mi vida, que se había convertido en mi compañero, pero que seguíamos sin dar nada por sentado, y que somos capaces de ir reinventándonos a cada momento. Que mientras él siguiera entendiéndome como lo que soy, todo iría bien. Sólo me queda seguir tratando de entenderle como lo que es. Se lo merece. A eso le dedicaré otro post.
Quería terminar porque quería decir adiós a muchas cosas y a mucha gente que ya están en el cementerio del pasado, como decían Deluxe.
Pero, por suerte o por desgracia, de repente necesito seguir.
Tuve una amiga, que ya no lo es, y que tiene mucho que ver con todo esto, que me dijo, y tenía razón, que las historias que no se han cerrado vuelven.
Tuve otra amiga, que decía que lo era y era mentira. Tuve que haberlo adivinado. En realidad ya lo había adivinado, por eso no luché para retenerla. Al fin y al cabo ella siempre decía que Todo es Mentira.
Las dos se marcharon sin contemplaciones y sin mirar atrás, y yo, reconozco que, aunque me sentí bastante dolida, también me sentí en el fondo algo aliviada. Siempre he acabado por huir de las relaciones muy posesivas, y ésta lo era.
Todo iba perfecto. Mi niño, su padre, mi trabajo fijo, lo que más me gusta en el mundo, para "siempre"...
Qué mala suerte acabar en el mismo sitio en el que trabaja la Trapacera. Qué mala suerte.
O tal vez no fue suerte sino Destino, Karma, Closure... y como decía su amiga la Gregaria es algo que ha vuelto porque no se ha cerrado...
Y ahora me las tengo que ingeniar para no partirle la cara si me la cruzo por el pasillo.
Que no cunda el pánico. Nunca lo voy a hacer... pero qué bien sienta escribirlo, como bien sienta todo lo que escribo aquí.
Así que, tengo que volver. Porque aquí nunca miento. Y necesito gritar: "Me sobras", de mil maneras.
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1 comentario:
Welcome back! y aunque ahora de alguna manera eras más real para mi en algunos planos, es en este en el que TE VEO (aunque justamente es en el que no te veo)
Q bien sienta partir caras en la cabeza, o dejado por escrito, sabiendo q nunca pasará. Pero nadie te quita esto.
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