miércoles, 2 de noviembre de 2011

Hostal Vinateros I

En el Hostal Vinateros no había nunca prisa, no había horarios, no había presión.
Sin embargo, nos las apañábamos para comer, dormir, limpiar, trabajar y hacer algo de ejercicio con regularidad.
Las pelusas campaban por el salón, pero no era nada grave, en cuanto una de nosotras podía, una escoba roñosa y una fregona en no mejor estado hacían una limpieza justita, de "lo que ve la suegra", y si se terciaba, si era necesario, se ponía una los guantes y, lejía y estropajo en ristre, se acababa el trabajo con más gusto que pena.

Pena había, y mucha. Yo penaba por las esquinas por mi amor perdido mientras acumulaba pretendientes pijipoligoneros de pacotilla atraídos por mi culo de talla 38 que he vuelto a perder (sniff). La Moderna penaba por su amor perdido mientras despachaba pretendientes surferos que la llamaban la mejor ola del mundo, y se decía que quien lograra surfearla era el más guay del garito.

Una gata nos mimaba por turnos mientras comíamos spaguettis y comidas vegetarianas, aguacate y tomate, atún y salmón, y garbanzos duros.

Fui feliz, y fui otra, y la Libertad era mi bandera.

Es una cosa que no quiero que se me olvide nunca. Es algo que de vez en cuando me recuerdo que tengo que recuperar.

Eso, y mi culo de la talla 38

.

No hay comentarios: