La mañana había empezado muy bien. Tengo una lesión en la pierna, en el periostio. Sí, suena fatal, pero sólo es la membrana que rodea (peri) la tibia (ostio-hueso).
Tras tres sesiones dolorosísimas de fisio, cremas, estiramientos, mil historias y tres malditas semanas sin correr, hoy estoy mejor. Así que he empezado una tabla de ejercicios.
Estaba de puta madre, en serio, hasta que me ha llamado la Persona Controladora number 1. Tiene un problema. Un problema que sólo yo puedo resolver. Sabe que estoy en casa. Me llama.
(Me llama TODOS los días, prácticamente)
Bien, mi mañana de ejercicio seguida de recoger la casa al garete.
Mientras tiendo la ropa, SUBE a casa la Persona Controladora número 2. Mi vecina de abajo. Tiene una mancha de Humedad.
(Tiene una mancha de Humedad cada 3 semanas!!!)
Le prometo llamar al seguro y la despacho con rapidez. Cada vez nos aguantamos menos. Yo voy conociendo su juego y ella se enerva porque me resbala lo que me diga y además no le doy más información de la necesaria.
Me quedan las Personas Controladoras número 3 y 4. No tienen ese número por orden de importancia sino por orden de aparición en el día de hoy.
¿En qué momento de mi vida he ido tomando las decisiones que los demás querían? ¿Por qué no estoy en New York City triunfando en la vida sin este enjambre de PESADOS que no me dejan vivir? ¿Cuántas decisiones me quedan en la vida por tomar sin que nadie me condicione?
En lugar de eso, estoy en el barrio de siempre, con la gente de siempre, complaciendo a la gente de siempre.
A algunos les quiero. Y no voy a dejar de hacerlo pero... ¿qué pasa con los que no quiero?
La verdad es que mi vecina de abajo me ha puesto de mal humor.
Sí, es una señora mayor, está sola. Se aburre.
IT'S NOT MY FUCKING PROBLEM.
Pero bueno. Vale. Es igual. Tampoco...
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