Una se acostumbra a ser la mala.
Ser la mala es un papel difícil. Ninguna actriz lo quiere. Ser la mala es un peligro porque te pueden encasillar, o incluso insultarte por la calle, aquellos que no entienden que eres más que esa niña consentida que sólo piensa en ella.
Ser la mala implica renunciar a cosas a las que creías que nunca renunciarías. Apostar fuerte, doble o nada, a veces a muerte.
Aquellos que quieran quedarse a tu lado habrán de saber que es o contigo o sin tí, y que si prefieren optar por un término medio, Suiza es un país precioso, pero no es para tí.
Los que se quedan del otro lado, tus enemigos, a quienes les declaras la guerra, siquiera un Guerra fría como es mi caso, pueden encontrarse desprevenidos ante tus hostilidades. Ya no te importa. Todo el proceso de negociación pasó y se empeñaron en seguir haciendo pruebas nucleares cerca de tus costas. Se acabó el diálogo.
Una ventaja de ser mala es asumir que lo eres. Reconocerlo. No hacerte la buena. Ser la mala implica serlo con todas sus consecuencias, y si no se admite, con casi toda seguridad se pierde la batalla.
Otra ventaja de ser la mala es haberlo sido ya en alguna otra lid. Eso da experiencia. Y una se puede enfrentar a cosas más grandes si ya tiene experiencia.
Ser la mala implica no tener clemencia, piedad ni escrúpulos. La recompensa será el fin anhelado, un triunfo merecido, calculado, saboreado desde que se toma la decisión.
Y si se pierde, es importante entender que se hizo lo que se pudo. Y no dejar que el enemigo te encuentre con vida.
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2 comentarios:
mi amor platonico ha sido siempre cruela devil...
"En Italia durante los treinta años de los Borgia hubo guerras, terror y derramamiento de sangre. Pero también tuvieron a Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza vivian en amor fraternal: quinientos años de democracia y paz. ¿Y que resultó de todo eso? El reloj de cuco" (El tercer hombre)
;)
Un besazo
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