lunes, 17 de julio de 2017

Ciclos

"Quise preguntarte por qué cada pocos minutos le enviabas un mensaje de texto a tu chico como prueba de que todo estaba bien, de que estabas sana y salva"

No lo sé. Aún hoy me lo pregunto. Pero también aún hoy, y nunca he dejado de hacerlo, me he sorprendido a mí misma preguntándome por que hacía esto o aquello. No pasa todo el rato, pero sí a veces.

A esa persona a la que escribía mensajes de texto cada pocos minutos dejé de quererle un día, de la noche a la mañana. Casi puedo identificar el momento exacto. No es culpa de nadie. No fue su culpa. Desde luego, no fue la mía. Después de la ruptura de mi amor en mil pedazos, le regalé cinco años de mi vida. No le quería, y aún así le escribía cada pocos minutos. De locos, huh?

Lo que yo antes llamaba la sociedad, pero que cada vez más identifico con el patriarcado, me ha hecho sentirme tan culpable por decidir marcharme de sitios donde no quería estar, de alejarme de gente con la que no quería estar, que sus ramificaciones se extienden también en el Tiempo y en el Espacio.

Renunciar a la calma, a no sentir culpa, a vivir en el miedo es también amar. Amar de verdad es algo a lo que casi nadie se atreve.

No hay nadie perfecto (aunque hay gente que se cree que lo es).
No hay nadie perfecto, aunque hay gente que aspira a ello.
No hay nadie perfecto, y yo nunca he pretendido serlo.
No hay nadie perfecto, todas y todos en el fondo sabemos eso y sin embargo, queremos que los demás lo sean.

La realidad es que vivimos a ciclos. Aprender a surfearlos, esa es la meta.

O, mejor dicho, esa es mi meta.